La radio y la tele

El amor por la radio y la tele fueron algunas de las cosas que heredé de mi viejo, y que nos unió especialmente durante sus últimos años de vida, donde yo ya estudiaba en la UBA la licenciatura de Ciencias de la Comunicación.
Digo que nos unió porque nos permitió establecer largas horas juntos. Por un lado, él me ayudaba a estudiar, me explicaba sobre autores que él había traducido del alemán (de hecho, me tocó leer textos que él mismo había traducido como «Introducción a la Sociología»), pero por otra parte lo «usaba» cada vez que tenía que elegir un personaje del cual hablar vinculado con los medios. Algunos iban a buscar a las figuras de la radio a la puerta de las emisoras. Para mí esto era mucho más fácil.
Lo que voy a compartir ahora fue una nota que le hice a Leo Mames, el 25 de octubre de 1991, exactamente justo 3 años antes de su muerte. En este post voy a reproducir algunos fragmentos de la entrevista de casi dos horas que le hice entonces, hablando sobre la radio y la tele.
Las fotos que ven en el post son una radio catedral que compré hace muchos años recordando estas anécdotas y a la radio de la Expo70 de Sharp en la que mi viejo escuchó los partidos en sus últimos años de vida, y que ya es parte de mi colección de radios.

Los dejo con la nota.
Leo y la radio
«Con la radio tengo una historia muy especial, es algo que tengo muy cerca mío desde pequeño. En 1928 -afirma Leo sin dudar- mi padre compró una radio catedral Saba. Ocho años después yo ya la escuchaba todo el día. Recuerdo que estaba ubicada en el living, sobre un estante de metal, y encima de un sofá. Entonces, yo me paraba debajo de la radio, y así la escuchaba.»
«Mi relación con la radio era netamente musical, Fuera cuando fuese, yo estaba en casa parado sobre el sofá y escuchando la música que irradiaban (en general, mi predilecta era la clásica). En cambio, para mis padres la radio cumplía otra función: era el único nexo con el exterior del país. La radio Saba también tenía frecuencia de onda corta; eso les permitía saber qué ocurría realmente en la Alemania de Hitler, donde vivíamos.»
«Esta información extra les permitió prever la catástrofe que se desataría sobre Europa. En 1939 embarcaron sus pertenencias en grandes cajas de madera: el destino de éstas era la Argentina. Nosotros partimos con otro rumbo, y solo en 1940 llegamos a este país.»
«A mediados de 1942 -detalla Leo con asombrosa memoria- pudimos recobrar nuestras pertenencias en la aduana argentina. Entre ellas estaba nuestra gran radio catedral Saba milagrosamente intacta.»
«La radio seguía siendo mi principal atracción en los ratos libres, pero mis gustos se fueron ampliando: la música seguía ocupando el primer lugar, pero no podía perderme los relatos del maestro Fioravanti, especialmente cuando relataba partidos de River…»
«En mi casa seguía ocurriendo lo mismo: las preferencias de mis padres y mi hermana mayor no eran las mías: fue así como en 1947 comencé a trabajar para poder tener mi propia radio, y lo logré! En el ´48 mi habitación lucía MI primera radio, que sería la compañera de muchísimos momentos.»
«Jamás olvidaré la primera vez que fui a la radio. Dicen que la primer vez nunca es la mejor, y tienen razón. Cuando era niño me regalaron entradas para ver a «La Pandilla Marilyn», mi programa radial favorito. Evidentemente la radio tenía magia, porque al ver a la señora y los chicos que hacían el programa me quise ir corriendo del estudio-auditorio de Radio Belgrano. Casi 50 años más tarde recuerdo este hecho con cariño y algo de preocupación: ¡Las cosas que me gustaban entonces!»
«Los años fueron pasando, y en 1949 empecé a estudiar oboe. Mi maestro tocaba en la Orquesta Sinfónica de Buenos Aires, que ensayaba en Viamonte 1168, sede del Teatro Colón y Radio Municipal (creada para transmitir desde el primer Coliseo argentino).»
«Recuerdo que lo iba a buscar allí, y mientras lo esperaba, comencé a ver la radio desde adentro.»
«En 1952 empezaron a llamarme colegas para reemplazarlos en las orquestas de las tres principales broadcastings: El Mundo, Splendid y Belgrano. En ellas tocaba con todos los grandes artistas del momento, pasando por todos los géneros: desde Fernando Torres o Ramona Galarza hasta Arthur Rubinstein o Claudio Arrau.»
«En este aspecto, la radiodifusión funcionaba como hoy la TV: todos los intérpretes extranjeros que venían a la Argentina, tenían que estar en la radio. ¡Aquello era imperdible!»
«Durante diez años consecutivos, estaba en la radio todos los días; eso me hizo ser conocedor de la jerga radial, de su ambiente y sus historias.»
«En este momento, recuerdo una muy graciosa. En la década del ´50, Radio El Mundo decidió realizar un ciclo de conciertos, y para ello contrató a un joven director argentino. En el momento de firmar el convenio, le preguntaron su nombre al director. ¨Juan Emilio Martini¨, dijo, a lo que los directivos de la radio le respondieron: ¨No vamos a poder contratarlo: el ciclo está auspiciado por Cinzano¨. Juro que la anécdota es verídica, afirma riendo Leo Mames.
«Cada vez me fui acercando más a la radio, hasta que el 1985 un directivo de Radio Nacional me propuso tener mi propio programa. A partir de ese año y hasta la fecha tengo mis audiciones en diferentes emisoras: Nacional, Municipal y Cultura. En cada programa pienso en aquella radio catedral de cuando era tan solo un niño.»
Leo y la tele
«También fui testigo de los primeros pasos de la TV. Recuerdo en el año 1954, cuando la Casa América organizó un ciclo en el cual presentaba a los jóvenes valores. En ese marco me invitaron al viejo canal 7 de Ayacucho y Posadas.»
«Respecto de ese hecho también puedo contar otra anécdota: al llegar al estudio yo estaba vestido de traje azul, moño y camisa blanca. Al ver mi vestuario, el maquillador se alarmó, porque el color blanco brillaba y crearía una aureola alrededor de la camisa. Fue entonces cuando no sólo quiso maquillarme la cara, sino también pretendió hacer lo propio con mi camisa. Obviamente no se lo permití, y salí de esa manera al aire.»
«Lo más gracioso de este hecho fue que casi nadie lo advirtió: todos pensaban que en vez de tener traje llevaba puesto un smoking, pues el color de mi camisa creó un notorio brillo en las solapas del saco.»
«La TV introdujo a toda la gente de la época en un cambio absoluto. Pasamos de la pura imaginación radial a un mundo explícito que, por otra parte, nos atraía a todos.»
«Uno de mis primeros contactos con la televisión como espectador fue en 1953, cuando solía ir a la casa de vecinos o familiares de amigos con mucho dinero para ver allí peleas de box, como las de Sandy Saddler o Archie Moore, o sino diversos partidos de fútbol.»
«El hecho de tener un aparato de televisión en la casa significaba un elevado status social. Era algo para privilegiados. Para unos pocos.»
«En casa recién pudimos comprar un televisor Zenith en 1958. En ese año mi padre permaneció enyesado casi diez meses. Entonces decidimos hacer el esfuerzo para poder tener nuestra primera TV en blanco y negro, obviamente.»
«Hablando del tema, también tuve la suerte de protagonizar una de las últimas emisiones en blanco y negro que se hicieron en el país, cuando en 1979 realicé un concierto de música de cámara en en canal 9.»
«Puedo afirmar que con orgullo que a lo largo de 25 años fui testigo y actor de la televisión en blanco y negro. También pude tocar en los canales 11 y 13, por lo que prácticamente estuve en todas las emisoras capitalinas.»
«En la era del color toqué junto a reconocidos intérpretes de la música mundial como Plácido Domingo, José Carreras o Luciano Pavarotti.»
«Hoy en día veo tanta o quizás algo más de TV que hace 35 años: el fútbol, algún encuentro deportivo, una buena serie o alguna película de vez en cuando. La programación televisiva en estos tiempos no ofrece demasiada variedad, ni tampoco calidad».
Fin de fiesta
Hasta aquí la nota. Creo que en el trabajo me fue muy bien.Para cerrar les dejo la «dedicatoria» que le escribí en la nota que imprimí y le regalé a mi «anciano padre», como le decíamos cariñosamente a mi querido papá.
